Las fiestas mayores de Valls y Reus, pendientes de las medidas de desconfinamiento
Los ayuntamientos contemplan escenarios alternativos como celebrar las festividades más adelante
Por este motivo, el consistorio trabaja de puertas adentro con todas las posibilidades y apunta que una de las opciones podría ser reubicar la fiesta en alguna otra cita del calendario festivo de la ciudad, sin especificar la fecha. Con respecto a la festividad castellera de Sant Joan, uno de los actos más concurridos de la fiesta, Ayala explica que todavía no se han reunido con la Vieja y la Joves para decidir cómo lo afrontan. Asimismo, el concejal admite que habrá que poner encima de la mesael hecho que los castellers hace semanas que no pueden ensayar.
Hay que tener en cuenta que el hecho casteller suma unas 900 actuaciones a lo largo del año por toda Cataluña. La suspensión desde el inicio del estado de alarma hasta a final de julio, por ejemplo, supondría la anulación de unas 400 exhibiciones, entre ellas la de Sant Joan a Valls, que tradicionalmente marca el pistoletazo de salida de la temporada castellera. Otro acto esperado de la fiesta mayor vallense, especialmente para el público familiar, es la aparición del Oso, la figura del séquito festivo que recoge los chupetes de todos los niños que han decidido hacer este paso.
Por el contrario, de momento el consistorio sigue el calendario previsto respecto de las Fiestas de las Decenales de la Virgen de la Candela, que se celebran cada diez años en Valls. Aunque todavía quedan muchos meses hasta febrero del año 2021, la pandemia podría afectar a la programación. Según Ayala, la comisión de fiestas sigue trabajando «intensamente» vía telemática para hacer posible las propuestas culturales. «Como queda más lejos, no es un escenario de tanta duda como los dos próximos meses. No hemos detenido nada», asegura.
Sant Pere se podría celebrar por Misericordia
La situación es similar en Reus. El Ayuntamiento tiene sobre la mesa varias opciones según evolucione la emergencia sanitaria. Se plantea celebrar la fiesta con normalidad, con condicionantes, o bien aplazarla. A pesar de admitir que celebrarla con normalidad es «prácticamente un imposible», el consistorio se emplaza a tomar una decisión definitiva a principios de mayo. «Estamos trabajando en los tres escenarios, todos están abiertos y nos hemos puesto los diez primeros días de mayo como fecha límite», detalla el concejal de Cultura, Daniel Recasens.
Una de las alternativas que se estudian es trasladar Sant Pere a septiembre y celebrarlo conjuntamente con las fiestas de Misericordia, si la crisis sanitaria lo permite. Según Recasens, también se podría hacer una Solemnidad extraordinaria. Se trata de una festividad dedicada a la Virgen, que no se ajusta a ninguna fecha concreta, en que la imagen de la Virgen sale en procesión para agradecerle algún hecho, como la superación de una pandemia.
El Ayuntamiento tiene previsto convocar las entidades que participan en la fiesta para exponerles la situación y ver la viabilidad de su participación. «El escenario pinta como pinta, pero nos obligamos a trabajar todas las posibilidades porque no queremos dar esta visión negativa del todo suspendido por suspendido», cierra Recasens.